AmeSud

25 octobre 2007

Me enamora

   Último día. Un año entero recién cumplido. Ayer fue como si no quisiera que el sol se pusiera. Mi vuelo sale esta tarde desde el aeropuerto Ezeiza de Buenos Aires. Rumbo a Francia. Necesito también despedirme de este blog que me acompañó a lo largo del viaje. Quería hacerlo de una forma particular: quería que la gente que conocí en América Latina pudiese leer el último texto. La semana pasada me decía cada día: “ojalá lo pueda lograr”. Pues no sólo quise escribir en castellano sino también entregarles a todos ustedes un poco de la variedad de los modismos que ofrece cada país, o sea inventar una pequeña historia en la cual se juntan unos muchachos de algunas partes del continente y compartiendo la vida cotidiana se dan cuenta, a veces con mucha risa, del cambio de sentido de una misma palabra y charlando van descubriendo otras expresiones desconocidas aunque todos hablen el mismo idioma que a pesar de los siglos pasados se conservó bastante. Pude haber desarrollado este cuento en cualquier parte de América Latina pero como ahora mismo estoy en Buenos aires elegí esta ciudad. Luego debí escoger unos países entre los que lo más conocía : Argentina, Chile, Colombia, México fueron los elegidos. Hay que saber que este relato lo inventé yo, sin embargo son historias que pueden suceder a menudo en los países donde la gente viene a estudiar, trabajar o pasear. Por lo tanto alrededor de una misma mesa se puede ver una mezcla increíble de origines, de países distintos y a la vez sentir algo que forma una misma cultura que comparten seres que pisan la misma tierra expresándose con el mismo idioma. Último detalle: los acentos. No me atreveré a describir los distintos acentos; gracias a los medios como la TV o por algunos y según el país de origen con el viaje, mucha gente ya ha escuchado las diferencias gigantescas que pueden existir. Sólo diré eso: me hizo sonreír al darme cuenta de que los colombianos creen que el acento suyos es lo más neutral mientras a mí me pareció todo el contrario, que es sino lo más cantadito, lo mas melodioso y resulta sencillamente lindísimo. ¿Pues puede existir algo neutral sobre este tema, a parte de la voz en el ciné que dice: “próximo estreno…”?

   Para que todo quede claro el cuento se ubica en un caserón de dos pisos en la capital de Argentina donde ya viven tres argentinos, Facundo, Gloria y Nahuel, dos colombianos, Alexander y Luz Marina, dos chilenos Felipe y Cristián. Todos estudian en la universidad. Lo que estudian no importa pero podemos imaginar carreras distintas. Al empezar el relato estan esperando a que lleguen dos mexicanos Maria Guadalupe y Ixcualzi, quienes también vinieron a estudiar a Buenos Aires.

                                                                                       ***

   Facundo estaba sentado en la butaca del comedor, solo, leyendo una revista cuando entró Nahuel por la puerta de la cocina, éste parecía estar buscando algo. “¿Che Facu, no viste el destapador?” O sea Facundo no escuchó o no quiso contestar, ni siquiera levantó la cara de la revista. “¿che boludo, me escuchas?” Al mismo tiempo se abrió la puerta principal y entraron Felipe y Cristián. “¡Ay que bueno los chilenos! dijo Nahuel, tal vez ustedes dos me puedan ayudar, es que no encuentro el destapador, ¿saben donde está?”

-         Yo, contestó Felipe, lo coloqué sobre la mesa de la cocina esta mañana. Fíjate que estaba afuera ante la puerta, no sé como llegó ahí.

-         ¡Sobre la mesa de la cocina no está boludo! ¡No está! gritó Nahuel.

-         Oye huevón te dije donde yo había puesto la hueva. Mas de eso no sé.

-         ¿llegaron los mexicanos? preguntó Cristián, interrumpiéndolos.

-         No todavía. Son las cinco menos diez, llegarán dentro de poco, dijó Nahuel.

-         ¿Son las diez para las cinco? ¡Y se levantó por fin el Facundo! ¿Cómo estaí huevón? le preguntó Felipe al argentino.

Levantando la cara por primera vez, Facundo contestó: “Si, todo bien. ¿Vos, como andas?”, y viendo a Cristián, agregó: “¿y vos, como te va hoy?” Los dos chilenos contestaron al mismo tiempo y Felipe dijo: “Anoche, el carrete, jejeje, duro, ¿cierto?”

-         ¿el carr…? empezó a decir Facundo, uy si, la joda de anoche…sí, dura. Tengo una resaca terrible, ¡me quiero morir che! Vos también tomaste bastante, ¿no?

-         ¡Si po! Pero supe detenerme jejeje….contestó Felipe, y echando un vistazo al comedor, tenemos que arreglar todo eso antes de que lleguen los mexicanos.

-         Tenés razón gordo es un despelote, afirmó Nahuel, ¿donde están los colombianos?

-         No sé nada de los colombianos pero nos topamos con la Gloria y nos dijo que iba a comprar unas facturas y que regresaría al tiro, contestó Cristián.

-         ¿Ella les comentó que regresaría al tiro? preguntó con ironía Nahuel. ¿Al tiro, dijo? ¡Esa argentina se vuelve cada día mas chilena!”

Todos estallaron en risa.

-         ¡Al toque che! Acá se dice al toque, ¿cachaí?

Y los cuatro siguieron muertos de la risa cuando una voz los interrumpió: “¡Y este argentino se hace cada vez más chileno!” Fue como si los muchachos no pudieran dejar de reír, la voz pertenecía a Luz Marina parada ante la puerta que lleva a la escalera arriba de la cual está el piso con las habitaciones de cada uno. Sólo quedaba una libre que esperaba la pareja mexicana. Tras Luz Marina apareció el otro colombiano Alexander. “¿Que pasó?” preguntó. “Nada. Sólo Nahuel que habla como todo un chileno, jajaja.” contestó ella. “¡Chévere!” comentó el paísa. Así se le dice a la gente que viene del centro de Colombia, por ejemplo de una ciudad como Medellín. Cuando alguien tocó el timbre la atención de todos se enfocó hacia la puerta de la entrada principal. Fue Cristián quien abrió. Los mexicanos acababan de llegar. “Hola, buenas tardes me llamo Ixcualzi y ella es María Guadalupe” empezó el muchacho. Recordarían por mucho tiempo este día cuando Cristián les había luego acogido así: “Hola güey ¿como estaí? ¿Que onda cabrón?” Y de repente la risa contagió a los recién llegados. De inmediato el ambiente se puso muy relajado o como dijo Alexander en cuanto paro de reír: “chévere.” Nahuel fue el último en presentarse a los mexicanos. Ixcualzi le hizo una pregunta.

-         ¿Cual es el origen de tu nombre? preguntó Ixcualzi.

-         Mapuche, ¿y el tuyo? Contestó Nahuel.

-         Azteca, dijo el mexicano.

-         ¡Mira vos! exclamó el argentino.

-         Si, está bien chido güey. Lo eligieron mis jefes, precisó Ixcualzi.

-         Tus…? preguntó Luz Marina.

-         Mis jefes, como mis padres, explicó el mexicano.

-         Mira vos, dijo Nahuel, aquí, se les dice viejos.

-         En Colombia, se le puede decir Señora a la madre, como para contestarle sobre todo, intervino Alexander.

-         Bueno, ya que estamos hablando de la familia con lo de los papás, interrumpió Felipe, me parece ser el momento ideal para echar un brindis a nuestra nueva familia. Falta sólo una argentina quien está por regresar…¿como dicen ustedes ahora mismo en México?

-         Ahorita, contestó efusivamente María Guadalupe.

-         Bueno, Gloria, la tercera argentina de esta casa entonces regresa ahorita, pero creo que ya se puede armar un pito para celebrar su llegada.

-         ¿Que? se asombró Ixcualzi que comenzó a reírse.

-         ¡Flaco, no te rías! Así le dicen ellos al faso, ¡Loco, lo que llaman pito en Chile es un porro!

-         Churro en México, precisó Ixcualzi, pero pito para un mexicano significa…

-         Para los colombianos y los argentinos también, lo cortó la colombiana, tiene un sentido diferente y apuesto a que sea el mismo que el mexicano…

-         Oye huevón, le dijo Cristián a su compadre chileno, ¿no crees que es un poco temprano pa’ fumar mariguana?   

-         Son casi las cinco huevón, contestó Felipe, es como tomar once.

-         ¿Que es esa nueva locura chilena? ¿Once? y dirigiéndose a Facundo, ¿vos sabes?

-         Ni ahí che. Que se yo, una boludez de los chilenos…

-         No, huevón, empezó Cristián, en realidad se trata de tomar algo dulce con un té o un cafecito alrededor de las cinco, el “tee time” en Chile. Solía ser originalmente una pausa en el día de los trabajadores que aprovechaban pa’ poner unas gotitas de aguardiente en la bebida. Como hay once letras en la palabra aguardiente, ¿cachaí? pa’ nombrarlo a este momento se le puso el número de letras: ¡Once! ¿cachaí?   

-         Jajaja, si cacho, dijo Facundo, una verdadera boludez de los chilenos.

-         ¿Y que tal huevón de esa hueva del mate que se tragan todos los días como droga?

Facundo y Nahuel estaban explicando a los mexicanos lo del mate cuando llegó Gloria con una bolsa llena de facturas como le dicen los argentinos a unos pasteles muy típicos y unos muy parecidos a los “croissants” franceses, una palabra que asombra siempre a los demás de América latina ya que este termino se refiere más a un comprobante de ventas. Después de presentarse y de enterarse del tema de la conversación, ella dijo: “Bueno, entonces está perfecto. Nuestros nuevos amigos van a descubrir a la vez el once chileno y su pintoresco pito además del mate argentino con sus deliciosas facturas. Encima empieza a las seis el partido de fútbol Argentina vs México jejeje. Escuché que habían puesto un montón de canas esta vez…

-         ¿Cana, como policía? preguntó Alexander

-         Sí, acá en lunfardo se le dice canas a los policías, explicó Facundo

-         Ya veo, en Colombia, dijo Alexander, se le dice tombos o tomba a la policía. También se puede decir la parca que significa la muerte, como por ejemplo “¡me viene la parca!” hablando de la policía.

-         En México, agregó Maria Guadalupe, se le puede decir la chota o la polaca.

-         ¿Te trajiste toda tu casa o que? preguntó Felipe cambiando de tema y señalando el enorme equipaje al lado de María Guadalupe.

-         Ay si, jejeje, contestó ella, parece que si, ¿verdad? y tengo muy pocas ganas de subirlo hasta arriba…

-         ¿Que es esta hueva? La cortó de repente Felipe quien miraba las manos de la mexicana.

María Guadalupe se puso roja y como avergonzada dijo:

-         No, pero igual después de descansar un rato lo subiré yo. No te pido que me ayudes.

Le tocó ahora al chileno enrojecerse pues al parecer y sin entenderlo la había ofendido. Para que ella entendiera lo que quiso decir, le preguntó nuevamente:

-         Sólo quería saber lo que tenías en tu mano. Esta hueva le decimos nosotros a cualquier cosa, sabes.

-         ¡Ay perdón! Jajaja, la hueva…órale. En México lo que los chilenos llaman hueva sería chingadera. Por otro lado, para nosotros cuando uno dice por ejemplo me da hueva hacer algo es como decir soy floja o perezosa. ¡En realidad proviene de la gueva del pescado y después la transformamos al referirnos a los testículos o huevos del hombre que se la pasa sentado en un sillón mirando el fútbol sin hacer nada por flojera! Así que malentendí cuando me dijiste “hueva”, pensé que se refería al equipaje pesado que no quería subir jajaja. ¡Que chistoso!

-         Dale es como la fiaca, intervino Gloria, por ejemplo se puede decir que hoy Facundo tuvo fiaca para levantarse.

-         Esto, concluyó la mexicana mostrando claramente lo que sostenía en su mano, me parece que es un destapador, lo recogí afuera. Estaba en el suelo al lado de la puerta.

-         Oye Nahuel creo que la chica encontró el objeto de tu deseo. Jajaaj.

-         ¿Te pertenece esto?, preguntó Ixcualzi a Nahuel. ¡No mames güey!

-         “No-mames-wey” esa expresión, notó Alexander, ¿no me digas que viene de mamar?

-         ¡Uy sí! Jajaja, es como decir “¡no manches!” ¿No, no ves tampoco? Es como decir ¡No me digas! o ¡No puede ser!

-         Che Ixcualzi, ¿piensas que México va a ganar el partido? preguntó Facundo.

-         ¡Claro güey! contestó el mexicano.

-         ¡No mames che! ironizó el argentino.

Todos sonrieron de este toque de humor aunque cada uno sintió la tensión recién nacida entre los dos.

-         Bueno chicos, el partido va a empezar y tenemos que organizarnos, dijo Gloria, hay que limpiar el comedor, y dirigiendose a los mexicanos agregó, disculpen es un verdadero kilombo…

-         ¿Kilombo? se extrañó Maria Guadalupe.

-         Sí, un despelote, un lío, mira el suelo, es que hicimos una joda anoche - una fiesta si preferís - corrigió Gloria ante la cara sorprendida de la mexicana por la palabra joda.

-         Órale, entiendo: un kilombo es como un desmadre, dijo Ixcualzi.

-         No sé lo de la madre pero suena bien como despelote, concluyó la argentina y luego dirigiéndose a Ixcualzi dijo, che, pásame la remera colgada en la silla por fa, y mirando su reloj agregó, tenemos que apurarnos. ¡Hay que ponerse las pilas chicos!

-         Oye disculpa Gloria, ¿es esa playera que quieres que te pase? Preguntó el mexicano.

-         Sí, playera, remera, lo que sea, ¡y tampoco quiero saber como se dice en otras partes de este mundo!, seguiremos charlando diferencias de vocabulario al rato querido.

Media hora después, el comedor arreglado estaba todo listo para ver el partido, fumar once, y cebar el mate mientras comerían facturas.

-         Queda un poco de pan en la cocina, dijo Felipe, con el manjar que compré anteayer, podemos hacer unas tostadas ricas, ¿que les parece?

-         ¿Que compraste antier? preguntó Maria Guadalupe

-         Manjar. Dulce de le che si prefieres. ¿Cómo se le dice al dulce de leche ustedes? En chile es manjar, y si me acuerdo bien en Colombia es arequipe, ¿cierto Alex?

-         Sí amigo, correcto.

-         En México se le llama dulce de leche también o cajeta, explicó la mexicana.

-         ¿En serio? se reyó Gloria, ¿sabes lo que significa “cajeta” acá en Argentina de forma vulgar? ¡La vagina! Jajaja.

-         Cállense, interrumpió Facundo, el partido está por empezar. Les vamos a romper el orto a esos mexicanos jejeje.

-         Che, ¡estás a full! le dijo Nahuel

-         ¡Es que somos los reyes de fútbol che! lo siento por su equipo dijo al mexicano jejeje.

-         ¡No es una leyenda! Los argentinos se la creen de verdad, dijo Ixcualzi.

-         ¡Ixcualzi, no seas menso! dijo Maria Guadalupe.

-          No, no lo soy, replicó el mexicano, sólo creo que somos nosotros que les vamos a patear el trasero a esos dioses del fútbol.

-         ¡Ni en pedo! Jugamos la pelota bárbaro che, y desafortunadamente los mexicanos van a averiguarlo, van a probar lo que significa dominar un partido.

-         Amigo, le cortó Alexander, cuidado porque si de casualidad pierdes, no podrás decir que no le diste papaya para burlarse de ti.   

Maria Guadalupe estalló en risas, tanto y tanto que hasta se puso a llorar. El colombiano se quedó callado preguntándose lo que le había causado esa risa a la mexicana.

-         Es que, empezó a explicar María Guadalupe, para nosotros papaya, a parte de ser la fruta que todos conocen, se usa también para referirse a la vagina así que decirle a Facundo que le está dando papaya a un mexicano es muy gracioso.

Y los demás se cagaron de la risa al entender lo chistoso que podía resultar la expresión colombiana para un mexicano.

-         Pues en Colombia dar papaya, explicó Alexander, es como dar la oportunidad a los amantes de lo ajeno al caminar en una calle supuestamente peligrosa con una cámara fotográfica expuesta.

El partido comenzó y cuando México iba ganando 3-0, fue demasiado difícil aguantarlo para el pobre Facundo. Encima el tercer golazo sucedió debido a un error de posición del jugador con la camiseta número ocho.

-         ¡Sáquenlo de la cancha! Empezó a gritar el argentino. ¡Estúpido! Es un desastre. ¡La concha de tu madre! No podemos perder este partido, estamos dominando todas las jugadas y esos hijos de puta se aprovechan de todo…¡no, no, no puede ser! Sáquenlo pero que alguien lo saque, volvió a gritar al ver otro error del mismo jugador, ¡la concha de tu hermana! ¡No lo puedo creer!

-         Tal vez sea una de esas famosas estrategias argentinas, ironizó Ixcualzi.

-         No le des bola che, dijo Nahuel a su compadre furioso.

-         ¡Que pelotudo sos! ¡Andáte al carajo che! dijo Facundo al mexicano.

-         ¡Chinga a tu madre! Insultó éste.   

-         Cálmense por favor intervino la colombiana. Es sólo un partido de fútbol. No te pongas así Facu.

-         ¡Che boluda, se está reyendo del fútbol! El fútbol argentino che que dio luz a Maradona, ¿entendés? Me da bronca ver este equipo de pelotudos…no puede ser. Es una pesadilla

-         Sabes, dijo Luz Marina, hay un dicho en Colombia: “A papaya puesta, papaya partida” ¿Entiendes? Fuiste fantoche y ya. Pero te habíamos prevenido no ser tan arrogante… Así que ahora no te quejes.

-         Ella tiene razón huevón, dijo Cristián, además Facundo no puedes negar que fue un partido fome.

Cada uno miró hacia el chileno esperando sin lugar a dudas una explicación. Dándose cuenta del modismo chileno que usó, Cristián explicó que “fome” era como “aburrido” pero con un sentido aún más fuerte.

-         Podríamos tomarnos una birra, para que se reconcilien nuestros países, ¿que les parece? propuso Nahuel.

-         Sí, bacano, dijo Alexander, vamos.

-         Ándale, tengo un chingo de sed, agregó Ixcualzi, nada mejor que una chela bien muerta. Sería poca madre. ¿Conocen un lugar chido?

-         Sí, dijo la colombiana, vamos a Hard Salsa Café, pero no se si vas a conseguir esa ¿“chela muerta”?

-         Ay sí verdad es sólo pa’ decir una cerveza bien fría, helada.

-         Ah en Colombia decimos una pola, dijo Luz Marina. Bueno, vamos a este lugar; justamente hoy se escucha el último album de Juanes que estrenó el 23. Se llama La vida es un ratico. Tal vez ya hayan escuchado el primer sencillo Me enamora. Muy bacana la canción.

-         ¡Ay si!, que linda canción, tiene un ritmo esta música que me encanta, dijo Gloria, pero el Hard Salsa Café es un lugar un poco cheto.

-         Ay no, intervino Felipe, por fa es que estoy en la pitilla y…

-         Otra vez lo del pito, jajaja, pero pienso entender que significa esta “pitilla”, no tienes lana, ¿verdad? dijo Ixcualzi.

-         Bueno no sé si “lana” quiere decir “plata” entonces sí eso significa.

-         Claro, y plata para ti es dinero, así que no te preocupes güey, es mi ronda, ¡y ya! Luego, dirigiéndose a la argentina agregó, debo entender que “cheto” significa caro…

-         No exactamente, contestó ella, implica a menudo caro pero el sentido es más: gente que se la cree, y a veces esa gente no tiene plata pero necesita mantener las apariencias como si lo que importara fuese solamente la imagen.

-         Órale, dijo Maria Guadalupe, nosotros en México a esa gente le decimos “fresa” y el contrario sería “naco”.

-         Jejeje, en Colombia, dijo Alexander, a la gente fresa se le dice “gomela” y “naco” sería “guiso” o “ñero”,jejeje.

-         En chile, por “gomela” decimos “cuico”, siguió Cristián.

-         ¡Que gracioso! dijo Maria Guadalupe, en México se le puede decir cuico a la policía. 

-         Bueno cuico, fresa, gomela, cheto o lo que sea, intervino Ixcualzi, nos vale madre, y corrigiéndose de sí mismo para que todos entendiesen la expresión “nos vale madre” dijo, como “no nos importa”. Vamos y punto. Igual como todo es caro allá, de seguro, no terminaremos crudos.

-         Jejeje, eso creo que lo entiendo perfecto che, dijo Facundo. Pero nunca se sabe. Ojalá no terminemos en pedo, como anoche.

-         Jajaja, es casi lo mismo en México, cuando uno se emborracha, decimos que está pedo, explicó el mexicano. La expresión está padrísima güey.

-         Oye huevón ¿todo tiene que ver con los padres allá en México, o que? dijo Felipe.

Y todos se pusieron a reír de nuevo. Lo del partido pareció no haber sucedido jamás.

-         Entonces, concluyó Alexander, ¿están todos de acuerdo pa’ escuchar Juanes esta noche mientras nos echamos una buena Quilmes?

Todos asintieron.

-         Chévere.

Posté par LucAmeSud à 05:57 - Commentaires [3] - Permalien [#]


12 octobre 2007

Argentine, Chili : une dernière danse...

  Définitivement, l'Argentine comme pays de départ, après ce long voyage, aura été un excellent choix, même si ce dernier s'était fait bien avant de commencer cette aventure en Amérique Latine, c'est à dire un peu au hasard. J'y vois a posteriori au moins trois bonnes raisons. La première sous forme de clin d'oeil du destin pourrait on dire, quand j'appris au mois de juin avant d'en être parfaitement convaincu au mois de juillet que mon père, au mois de septembre, se trouverait à Rosario durant trois semaines dans le cadre de son travail. J'en profite ici d'ailleurs pour saluer et remercier chaleureusement ses camarades de classe. La deuxième raison concerne en fait un des pays voisins de l'Argentine, je veux parler bien sûr du Chili. Presque douze mois ont passé depuis mon arrivée sur le continent par ce pays qui, à cet égard, restera à mes yeux l'un des plus beaux; repartir là où tout a commencé, et la boucle, comme on dit, sera bouclée. Comment comprendre l'adjectif "beau" ? C'est au fond l'enjeu et le mystère d'un tel voyage. Enfin la troisième raison, bien qu'à présent s'en dessinent quelque autres, c'est tout bonnement Buenos Aires même. Disons-le sans détour, partir depuis Buenos Aires où je passerai les derniers jours avant de prendre l'avion diminuera d'autant le déchirement qu'aurait pu constituer ce même départ depuis un tout autre pays. Oui, ce que je viens d'énoncer signifie en d'autres termes, plus clairs, que le pays berceau du tango ne fait pas figure parmi les favoris, bien qu'y résident et des paysages à couper le souffle et désormais d'excellents amis. Dans le même temps - et ceci pourrait constituer une raison supplémentaire disons une troisième raison bis - le charme qui se dégage de cette ville et la vive ressemblance de part les origines de sa population autant que de ses rues avec celles de l'Europe est une bonne introduction au retour en terre natale. Permettez-moi d'ajouter un astérix à cette troisième raison, décidément bien ample, en faveur je vous le rappelle du choix jugé judicieux de la capitale argentine comme point final à ce voyage avant de rentrer en France : il y pleut constamment, le ciel est gris à se pendre et après une année d'un soleil généreux et presque sans faille, un petit stage à Buenos Aires, ma foi, a de quoi vous remettre les idées au noir, histoire de limiter le dépaysement en rentrant. Et juste quand je dis cela, j'entends qu'on annonce une semaine printannière avec des journées particulièrement chaudes et ensoleillées : ce n'était peut-être pas un choix si judicieux que ça après tout; le choc de l'automne après l'effervescence du printemps qu'ils annoncent, c'est peut-être le pire.   

  Mais revenons, si vous le voulez bien, en arrière, en ce milieu du mois de septembre après avoir quitté, à regrets comme vous le savez, le Mexique. Etrange sensation que de fouler le sol argentin, que de déambuler de nouveau dans les rues de la capitale de l'Argentine. D'emblée, il est question de familiarité. C'est le mot qui me vient à l'esprit immédiatement. Il en viendra un autre plus tard, plus fort. Familiarité d'abord, en retrouvant l'accent chuintant des porteños et leur manière de laisser trainer la voyelle finale d'un mot, l'emploi du vos au lieu du tu si caractéristique de l'argentin, le tout accompagné de résonnances nasales inégalables. Les murs décrépis et noirâtres, la chaussé pavée de pierres rectangulaires grossières et difformes, les trottoirs de San Telmo tapissés de petits carrés de couleur brique délavé, le pot-pourri d'architectures européennes de toutes les époques, mais pour la France, plus précisément celle du début du siècle dernier, témoignage de l'échange culturel qui existait entre ces deux pays après l'exposition universelle à Paris, et bien sûr la pluie et le vent qui balayaient la ville le jour de mon arrivée, tous ces éléments réunis me donnèrent à penser, mais surtout à sentir que je marchais non pas à Buenos Aires mais dans un Paris ou un Bordeaux halluciné! Une poignée de jours plus tard, le même sentiment m'assaillait en arrivant de nuit sous la pâle lumière de vieux lampadaires dans la ville de Rosario, où je retrouvais, dès le lendemain, mon père. Dans cette ville, c'est encore plus celle de Bordeaux qui m'apparut en filigrane. Et avec la présence de mon père, c'est moins la notion de familiarité que celle de famille qui affleurait alors à ma conscience. Ce n'est toutefois pas ce mot qui devait s'imposer quelques semaines plus tard en marchant dans les rues de Santiago, au Chili. A Rosario, le ciel fut plus gris que celui de Paris, le crachin plus fin que le breton, et la bise plus glaciale que celle de la Scandinavie (ceci est une spéciale dédicace à mon père : qu'il puisse dire que j'exagère lol). Vous l'aurez compris, un temps maussade et des retrouvailles familiales, ça sent l'hiver en France, ça sent la fin du voyage. J'élude volontairement les quelques jours passés dans le nord-ouest argentin où règne un climat chaud et aride : après ce que je viens de vous commenter de mon arrivée à Buenos Aires puis à Rosario, le choc fut plus que thermique...

  Un petit détour nostalgique par Mendoza, la plus belle et agréable ville d'Argentine, et vint déjà l'heure de traverser la cordillière des Andes, de l'autre côté de laquelle se trouve le Chili et la mémoire des premiers instants de mon voyage, il y a presque un an. La traversée de la cordillière par le passage de los libertadores est une experience visuelle enchantresse : on a les yeux collés à la fenêtre et, pour ma part, j'ai resisté longtemps avant de dégainer mon appreil photo, en pensant à vous, à vous faire partager cet incroyable spectacle. La montagne à coeur ouvert: un long sillonement le long d'un décor qui, défilant, ne cesse de changer de nuances, de formes, d'émotions allant d'étonnements en surprises. De part et d'autre de la route, de la montage, rien que de la montagne, gigantesque et toute puissante. Le long de ses pentes, le tracé délicat d'arborescences, vestige d'anciens cours d'eau et plus fréquemment résultat de l'érosion provoquée par la glace. Les sinuosités formées par la neige sur les versants les moins exposés accentuent les contrastes et c'est comme si surgissait d'entres la roche un mont, un pic dessiné au fusain. Juste à côté, une terre couleur rouille, où affleure une roche stratifiée, offre des dégradés subtils et des juxtapositions de couleurs à peine croyables. Les violets côtoient les terre de sienne; les roses pastels se mêlent aux jaunes sable. Certains flancs sont recouverts d'un duvet ocre oréolé par endroits d'un vert terni, brûlé par le soleil. La route s'incurve et c'est une avalanche de bruns, de jaunes paille, de mauves et de rouges couleur sang : le feu à même la roche, fossilisé pour l'éternité. Passé le virage, la vision d'une immense chaine de montagne se dresse à l'horizon, encadré par les diagonales formées par l'enchevêtrement des versants. Au point de rencontre des perspectives, majestueuse, une paroi gigantesque qui semble perpendiculaire au sol et qui l'est parfois car, à la douceur toute relative des pentes du côté argentin succède la raideur des parois abruptes du Chili. Après le poste frontière, fleurissent les drapeaux de cette nation qui s'étend, cantonné entre l'océan pacifique et les Andes, de la terre de feu au sud, à la frontière avec le Perou, au nord. Descendre du bus à Valparaíso, respirer à nouveau l'air de ce port mythique, revoir la Sra Nelly, Claudio, Sonia, Javier, Bruno, Horacio, Yvonne, revoir la luxuriante faune qui vit auprès de l'océan ou dans ses profondeurs comme le célèbre lion de mer, la vie marine y est en effet abondante du fait du courant froid qui longe les côtes, en milieu de matinée, assister, assis sur le sable, au spectacle de ces centaines de pélicans, goélands et autres mouettes se ruant sur les cadavres de poissons jetés à la mer par les pêcheurs, "pecheur" justement dont la sonorité du mot amusa la Sra Nelly au point de l'attribuer comme surnom à un chien errant, au pelage de tigre, qui s'amusait à faire fuire les oiseaux ce jour-là en leur courant après d'un côté comme de l'autre de la plage, un chien abandonné, un de plus dans cette ville où l'on voit, d'un point de vue canin, des choses absolument invrésemblables, descendre du bus après le décor des montagnes, terminus Valparaiso, héler un taxi-colectivo dont le panneau jaune sur le toit mencionne Recreo, jeter un coup d'oeil furtif vers les collines multicolores de ce patrimoine de l'Humanité dont la façade mosaïque grandeur nature déguise essentiellement la vetusté de ses murs et la pauvreté de ses habitants, payer le chauffeur d'une piece de 500 pesos, lui indiquer mon arrêt "plaza esperanza", et c'est une ribambelle de souvenirs, d'un seul coup, qui me reviennent en mémoire.

  Dernière étape, Santiago du Chili, le commencement et la fin réunis. Revenir dans la capitale chilienne, c'est reécouter cet espagnol qui a fondé les origines du mien en berçant les premières semaines en Amérique Latine : cet accent, cette modulation particulièrement rapide qui peut être pénible à entendre et à comprendre quand cette vélocité s'accompagne d'une paresse d'élocution; inversement, le castillan chilien soutenu par une bonne articulation se révèle doux, mélodieux, chantonnant. Revenir à Santiago, c'est marcher dans les toutes premières heures qui suivirent mon atterissage sur le continent. J'arpente l'avenue centrale, l'Alameda, dans un sens puis dans l'autre, et plus j'erre dans les rues bien connues du micro-centre, plus je m'étonne de mon sens presque inné de l'orientation pourtant habituellement peu fiable (souvenez-vous de mon passage par le quartier de la condessa à Mexico city). Je suis à un croisement et c'est comme si je pouvais visualiser les grands points de repères du centre de la ville, j'hésite un instant, et comme guidé à l'aveugle, je m'engage dans une direction à partir d'une impression floue et authentique pour parvenir, à tâtons, à l'endroit désiré. Ensuite je prends le métro. Là encore, un choc : La réalisation est 100% franco-française. Je l'avais appris dans les premiers temps mais l'avais totalement oublié. Même signal sonore à la fermeture automatique des portes, même design de l'infrastructure générale jusqu'aux plus petits détails. L'analogie ne s'arrête pas ici : si vous prenez la ligne 1 du métro à Santiago du Chili, l'espace d'un instant, vous pouvez avoir l'étrange sensation de vous trouver sur la ligne 1....du métro parisien! La similitude a été poussée jusque dans le modèle de la locomotive qui se présente d'un seul tenant, sans waggonets séparés à intervalles réguliers. A l'interieur d'une telle rame, on voit d'un bout à l'autre du train. Je continue à déambuler dans les rues en direction du quartier Nuñoa où j'ai passé presque entièrement le premier mois de mon arrivée, quand surgit dans mon esprit un mot en espagnol, un mot comme il en existe bien d'autres dont je comprends le sens mais qui m'echappe également, ne parvenant pas à lui trouver sur l'instant son équivalent exacte en français, c'est ce qui rend, du reste, l'exercice de la version si difficile à l'echelle des tournures de phrases, mais ceci est un autre sujet. Je m'approche de la maison de Cristián, je reviens de la plaza des Armas, où assis sur un banc, j'ai écouté ces prêcheurs en tout genre prendre la parole publique, comme un droit inaliénable, un rituel qui peut en laisser certains indifférents, la plupart, mais qui trouve toujours des curieux, des convaincus, des sceptiques, des esprits libres, des joueurs d'échecs installés un peu à l'écart de cette agitation, sous un kiosque, des amoureux partageant un glace, des religieux, des prophètes de tout poil qui tentent d'arranguer les foules mais qui ne récoltent que des regards amusés au mieux, peu importe car de cette coutume qui persiste au coeur de Santiago et qui trouve ses origines lointaines dans chaque village de Chili où les hommes se réunissaient en son centre pour y discuter les problèmes qu'ils tentaient alors de résoudre ensemble, de cette héritage culturel règne sur l'une des places centrales de la capitale un sentiment curieux et sain d'une vie bouillonante et souffle un vent de liberté qui m'accompagne encore en arrivant au pied de la maison de Cristián, ce chilien qui m'a hébergé justement durant ce premier mois irréel, et c'est gorgé de ce bouillon de culture que je gravis les marches des escaliers qui mènent à son appartement tandis que finissait de se décanter le mot espagnol hogar, que l'on peut traduire en français entre autres par l'expression " chez soi". Un dernier tour par Bella Vista, un ultime avocat crémeux et me revoilà à Buenos Aires.

  Faire des allers-retours à l'interieur du continent sud-américain participe aussi certainement à ce sentiment d'appartenance à l'Amérique Latine : oui, je me sens de plus en plus un latino américain. Buenos Aires, de nouveau les rues de San Telmo, les amis porteños Verónica, Cristián, Facundo ( ne pas avoir un ami ou une connaissance qui se prénome Facundo, dit Facu, relève en Argentine de l'impossible). Dernière occasion d'observer cette ville archéologique : c'est comme être, au risque d'insister un peu lourdement, dans une Europe cubiste, c'est comme examiner à la manière d'un géologue les différentes strates d'un passé qui perdure et opère par petites touches, par couches sédimentaires déposées par les époques successives, c'est savourer le charme de la désuetude, c'est, dans l'ensemble, vivre dans les années 70-80, non pas comme un effet de mode, non, à Buenos aires, on est en plein dans les seventies. Les looks, les coupes de cheveux ou l'abscence de coupe de cheveux comme on voudra avec une mention speciale pour l'effet crinière, les vêtements, cols en V, motifs à carreaux, couleurs extravagantes et fluos, les coupes des pantalons surtout. Buenos Aires pour un européen, c'est peut-être le goût de la nostalgie. On ne peut que ressentir une impression étrange devant ce patchwork temporel qui a un parfum de veilli bien présent et tout à fait palpable, qui n'a rien d'un songe mais qui en conserve toute la saveur. Il n'y a qu'a pénétrer à l'intérieur de la Banque de la Nation, plaza de Mayo, pour revivre le début du siècle dernier : espace circulaire gigantesque, au centre duquel enfle le murmure des hommes affairés, du marbre et des dorures du sol au plafond et des guichets d'antan. S'installer dans une rame de metro de la ligne A, et c'est un billet direct pour l'orient express; au plafond des lanternes illuminant un waggon entièrement fait de bois foncé et dont on devine qu'il devait briller quand le vernis luisait encore. Je pourrais passer des heures à relever les mille et un détails de ce puzzle et en recencer les époques, mais les compétences me manquent et, de surcroît, en ce 12 Octobre 2007, je préfère fermer un instant les yeux et penser qu'en ce même jour de l'année 1492, un célèbre navigateur dont je tairais le nom, "découvrait" l'Amérique et que plus de 500 ans après, ce continent représente, pour moi, comme un nouveau hogar.

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11 septembre 2007

México te dejo pero volveré

  Presque trois mois d’abscence dans les colonnes de mon propre blog, imaginez-vous! Autant dire que le navire a été abandonné par son capitaine. Finallement, l’histoire du voilier Iliky était un présage à multiples facettes, car il y a bien eu une fuite, celle de mon inspiration : des photos au compte-gouttes et un désert éditorial. Bref, un blog à la dérive et j’arrêterai ici mes métaphores navales fumantes.

  Les jours passent, l’été dans l’hémisphère nord file vers sa fin, et tout me rapproche de mon retour sur le territoir français. J’appréhende de retrouver les rues, les places, les lieux dans lesquels, où que se porte le regard, tout n’est que...français. C’est, au fond, aussi simple que cela. Mais rien ne sert de mettre la charrue avant les boeufs, n’est-ce pas ? Donc, durant plus de deux mois, j’ai continué ma traversée de l’Amérique centrale pour arriver en Amérique du nord, au Mexique où je suis actuellement. Toutes les fois où j’ai pensé à rédiger ces quelques lignes, je regardai en arrière et voyais toujours plus grand le fossé qui me séparait de mes dernières aventures panaméniennes, postant in extremis quelques photos du Costa Rica sans en évoquer le contenu, du reste peu intéressant. Puis vint le Guatemala et ensuite le Mexique. Relater ces deux merveilleuses contrées, oui, mais comment ? Comment ratrapper le retard accumulé ? Telle est la question qui me taraudait à mesure et qui me paressait chaque jour plus insoluble. Restait la possibilité d’extraire une anecdote, par exemple mon passage chez le barbier à Oaxaca, au Mexique, après une journée des plus paisibles, assis sur ces vieilles chaises inclinables de coiffeur, en métal et en cuir, bercé par de la musique cubaine que crachait un vieux transistor, détendu malgré la lame tranchante tenue sous ma gorge par une main tremblotante, celle du vieux barbier, qui désirait manifestement me laisser une peau de bébé ; c’est du moins ce qui me vint à l’esprit face à la ténacité de cet homme qui s’acharnait alors sur les surfaces récalcitrantes de ma barbe comme si il eût fallu que mon poil comprît impérativement qui des deux était le maître. Pauvre homme, il ne devait plus avoir toute sa tête, car, en sortant, un simple passage de la paume de la main le long de mon coup me fit réaliser l’étendue des dégats. Cependant le moment de tranquilité et d’exotisme avait bien valu quelques écorchures. Mon visage arborait un nouveau relief facial, constellé, ici et là, de petites mottes de barbe qui avaient resisté aux assauts pourtant répétés du barbier qui avait paru, au demeurant, déçu que j’eusse voulu éradiquer la sacro-sainte moustache, symbole de toute une virilité mexicaine.

  Je pourrais vous raconter, plus récemment encore, comment il est tout à fait possible dans une ville comme celle du district fédéral ( mexico city), de se paumer sur une ligne droite. J’entends déjà certains se gausser et dire : il faut être un gland pour se perdre sur une ligne droite ou avoir un sens de l’orientation vraiment à chi-er, voire en être totalement dépourvu. Je vous dirai ceci : d’abord un, croyez bien que ce fut irritant avant tout pour moi, d’avoir l’impression (car tout est là) de marcher en ligne droite et de me rendre compte à une intersection, en levant les yeux vers le panneau qui indique le nom de la rue, que je n’étais tout simplement plus sur l’avenue qui m’avait pourtant bien semblé ne pas avoir quitté un seul instant, à plus forte raison irritant, quand après avoir rebroussé chemin, je la retrouvai enfin et, continuant toujours tout droit, la reperdais dans la direction opposée ! Il faut préciser ensuite que tout ceci se passe de nuit et il faut dire encore que le quartier en question, celui de la Condesa où vivent Laure et Ianis, est un labyrinthe, non au sens commun de petites ruelles qui n’en finissent pas de s’imbriquer les unes dans les autes en se refermant sur elle-même et qui débouchent sur d’improbables impasses. Non, d’improbable il n’y a que la géométrie des rues de la Condesa qui ont la fâcheuse manie de se tordre sournoisement ou de former des cercles et des diagonales trompeuses faisant écho à cette logique chaotique de Mexico city, à savoir que deux rues parallèles entre elles et qui semblent le demeurer tout du long peuvent, comme soumises à des forces qui échappent à l’entendement, se retrouver perpendiculaires l’une à l’autre, ou peu s’en faut. Au district fédéral, ça grouille, c’est gigantesque, démesuré, pollué, inhumain. Ianis me disait que cette ville c’est comme une drogue, alors vous comprendrez que, moi, je veux en partir au plus vite, connaissant déjà l’addiction au reste du pays. « la poésie urbaine, ça va bien quand on a vingt ans » que je lui ai rétorqué. Les murs écaillés, les trottoirs boueux dans une ambiance de béton et de monoxyde de carbone, les flux de voitures ou de gens qui se croisent et se décroisent ne m’a, il faut bien l’avouer, jamais vraiment ensorcellé, bien que parfois, j’en ai pu saisir la beauté scandaleuse. A présent, ce qu’il faut bien nommer le délabrement de la ville la plus grande au monde ne m’enchante plus, ni même au détour d’une rue, fût-elle droite, courbe, ou complexe pour paraphraser l’oeuvre de Koltès, La Solitude Dans Un Champ De Coton. Ici, vous l’aurez compris, point de coton, que du goudron.

  Voilà pour mes impressions strictement subjectives de la capital du Mexique. Peut-être est-ce aussi pour cela que j’aime tant ce pays, rien ne m’ayant vraiment laissé de marbre. On demande souvent à un voyageur qui a visité différents pays, en particulier quand celui-ci en a parcouru plusieurs dans une même unité de temps, par exemple une année(!), on lui demande presque à chaque fois quel est celui qu’il a préféré. Il évidemment difficile d’y répondre de façon absolue, d’autant plus difficile que dans cette Amérique Latine, on a terriblement envie de considérer le ciment qui unit ses diverses nations plutôt que de les opposer les unes aux autres, que toute nouvelle terre, toute région nouvelle apporte son joyau, son souvenir inoubliable, son coup de coeur, et que, de toute façon, c’est sans compter l’état d’esprit du voyageur à chaque étape de son voyage. Néanmoins, si je devais en choisir un, ce serait sans l’ombre d’un doute, le Mexique. Je ne peux pas vous dire comment c’est beau. A l’ouest, la côte pacifique, magnifique et sauvage, comme ses plages où déferlent de puissantes et énergisnantes vagues, en particulier dans l’Etat de Oaxaca. A l’est, le golfe du Mexique, puis la péninsule du Yucatán sertie de temples mayas, ruines anciennes et inestimables, la riviera maya comme on dit, bordée par les eaux émeraudes et turquoises de la mer des caraïbes. Tout au sud, les montagnes du Chiapas avec ses canyons et ses ambres. Au nord, la basse-californie d’un côté, le désert au centre, les Etats-Unis au-delà. Mais un coup de coeur ne se limite pass aux paysages aussi sublimes soient-ils. Il y a la culture au sens général du terme, il y a les gens, surtout les gens, surtout ceux de Guadalajara, il y a, au risque de redondance, la pléthore hallucinante d’églises dont les multiples architectures forcent l’admiration du visiteur. Il y a....bien sûr la face sombre du Mexique : l’immense et profonde pauvreté d’une très grande partie de la population, son racisme à l’égard des indiens, comme une négation de soi-même, à tel point qu’au Mexique plus on est clair de peau (güeros), plus on est proche des canons de beauté et plus on a de chance d’appartenir à une classe sociale aisée.

  J’ai fait quelque peu l’impasse dans ce texte sur le Guatemala. C’est de ma part bien ingrat car ce magnfique pays où je suis resté une vingtaine de jours, vaut plus que lke détour. Personnellement, j’ai été envouté par la région de Cobán au centre du pays qui recèle la plus belle vallée qu’il m’ait été donné de voir jusqu’à présent. Des vallons comme des îlots, traversés par de sublimes rivières. Des collines, tapissées de cultures, (principalement de maïz), recouvertes de fôrets tropicales, parsemées de palmiers, ici et là ; des collines comme autant de bosses alignées en rangées régulières de sorte que les habitants de la région donnent à ce paysage le nom de cartón de huevos tant leur disposition, depuis plusieurs points de vue en hauteur qui surplombent la vallée, laisse à penser à la forme d’une boite d’oeufs en carton. Les gens très pauvres et humbles sont accueillant, parlant un vingtaine de dialectes mayas suivant la province où ils se trouvent, et vivent près de leur terre. Le soir, on s’installe sur un tabouret, à même la rue, devant un vendeur ambulant pour dévorer des tortillas garnies de frijoles ( purée de haricots noirs ) mais surtout on savoure de délicieuses boissons laiteuses à base de maïz, de riz, d’avoine, de banane, ou encore de blé : les atoles qui portent un variété de noms différents dont mon préféré restera corazón de trigo (coeur de blé). Le Mexique partage une partie de cette culture culinaire avec le Guatemala, mais épice tout tellement de ce chile que la nourriture vous arrache la moitié du palais et de vos papilles gustatives. Ce n’est pas pour rien que l’on appelle les habitants de la capitale mexicaine les chilangos. En parlant d’habitants il est intéressant de noter que le pays en compte aux alentours de 120 milions.

  Une française vivant ici m’a dit un jour ceci en parlant des français expatriés : « Le Mexique, on en est tous partis un jour et on y est tous revenus. » Le 16 septembre se célèbre l’indépendance de la nation et déjà toutes les rues se parent de guirlandes et de drapeaux vert-blanc-rouge. Le Zócalo (nom donné à la place centrale d’une ville) du district fédéral se prépare à recevoir le grito (cri) du président comme le veut la tradition. Etant donné que je pars quelques jours avant cette date, il ne me reste plus qu’à promettre d’y revenir pour fair la fête avec les mexicains et de crier d’ores et déjà : VIVA MEXICO !  

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13 juin 2007

Un pirate aux Caraïbes (3) : aux îles San Blas

Vous avez été des milions à me réclamer le roisième volet de "Un pirate aux caraïbes", aussi, voici venu le moment de vous conter la suite de ses aventures. Nous avions laissé notre apprenti-pirate épuisé mais heureux au sortir de sa traversée de la jungle de la sierra Nevada. Une fois parvenu sur les côtes nord colombiennes qui bordent pour ainsi dire sa maison et son élément, je veux parler bien sûr de la mer des Caraïbes, il décida de fêter ce moment de transition avec ses compagnons de voyage. Il était pourtant prévenu que le Rhum de Medellin était un puissant irritant pour les intestins. Prévenu, il l'était de longue date quant aux désagréments qui peuvent survenir lorsque l'on abuse de la boisson alcoolique, comme on dit, à plus forte raison après une épreuve physique longue et soutenue. Bah, aurait-il été un vrai pirate si du jour au lendemain il s'était mis à écouter ces vieux racontars? Je vous laisse donc imaginer la suite. Il faut croire cependant que cela ne lui a pas suffit vu que deux jours plus tard il rechargeait et son sac à dos, direction le parque Tyrona, et son estomac de quelques "tragos" bien tassés qui lui valurent nombre d'aller-retours entre son hammac installé en haut d'un immense rocher au milieu de la sublime plage "Cabo de san Juan", et les toilettes situées à quelques dizaines de mètres de là. Après le coucher de soleil, on pouvait voir notre pirate plié en deux traverser la plage d'un bout à l'autre, essayant d'éviter les moustiques affamés, comme on essaye de passer entre les gouttes lors d'une averse. En chemin, aux autres pirates qui l'arrêtaient pour lui demander : " t'as pas une feuille à rouler?" , courbé, il relevait la tête et, dans une grimace, répondait invariablement : " T'as pas du papier Q?" Il mit tout ça sur le compte du mal de terre, très fréquent chez les pirates. De fait, il écourta son séjour et se mit en quête d'un navire pour retrouver l'équilibre mouvant du balancement incessant de la mer, bien qu'il se demandait s'il avait toujours le pied marin, et même, s'il l'avait jamais eu. Il se rendit alors à Cartagena où il savait qu'il pourrait mettre la main sur un bateau qui l'emmènerait jusqu'à Panamá. Le temps d'effectuer les recherches, il logea cela va sans dire, à l'hostal La Pirata, en plein coeur du centre historique de la ville. Notre corsaire en herbe finit par jeter son dévolu dans les jours qui suivirent sur un voilier appartenant à un capitaine français. Avant d'embarquer, il en parla à des amis pirates anglais, qui lui demandèrent comment se nommait le navire.       

  - Iliki

  - What? Leaky*? l'interrogèrent ses compères.

  - Non, ILIKI

Les deux anglais échangèrent un drôle de regard mais n'ajoutèrent pas un mot. Je vous propose à présent de parcourir quelques extraits du journal de bord de notre pirate.

Samedi 2 juin. Les formalités douanières accomplies, nous embarquons tous promptement à bord d'Iliki; un léger vent d'ouest vient de se lever et il nous faut le metrre à profit, car la saison est réputée peu venteuse. A peine avons nous hissé les voiles qu'une patrouille de gardes-côtes nous acoste, immobilise notre bateau, monte à bord et inspecte longuement le navire. N'ayant pas trouver les deux tonnes et demi de cocaïne planquées sous le sofa, la police des mer nous relache et nous les regardons s'éloigner progressivement vers le port. Nous repartons aussi sec, mais déjà le vent a commencé a faiblir, comme si les douaniers s'en était emparé en partant. Il nous reste deux bonnes heures avant que le soleil ne se couche.

Dimanche 3 juin. La pluie nous a cueillit au petit matin. Le voilier et mon estomac gîtent complètement à babord, non à tribord, je crois que je les confondrais toujours ces deux-là, bref, je ne sais plus où me foutre ni dans quelle position. Assis à l'intérieur me semble être la pire. Je lutte pour ne pas leur faire un gros pâté. Je décline poliment l'invitation à déjeuner mais parviens toutefois à avaler un peu de porridge, à la suite de quoi je m'en vais faire une sieste. Au réveil, la pluie a cessé et avec elle, mes nausées. J'en suis le premier surpris. Après avoir dévoré les pâtes à la carbonara, je reprends la barre. Le lever de Lune est miraculeux. La mer est d'huile et il nous faut utiliser l'engine pour propulser le bateau.

Samedi 4 juin. 2 heures du matin. Mes yeux s'efforcent à rester ouverts, fixés sur le compas qui indique le cap à tenir, quand le moteur s'ébroue, toussotte et s'éteint. Silence de la nuit sur les flots. L'avarie nous prend 3 bonnes heures et aux environs de 6 heures du matin, nous somme de nouveau en route. Arrivée prévue pour 10 heures du matin sur l'archipel San Blas. Deux heures plus tard, alors que nous apercevons tout juste dans le lointain la silhouette des premiers groupes d'îles, le moteur tombe de nouveau en rade. Cette fois la situation est plus sérieuse : Panne sèche à 8000 des côtes et pas l'ombre d'un nuage ni d'un brin d'air, ce qui transforme notre voilier en un simple bout de bois à la dérive près d'une zone à récifs. En quelques dizaines de minutes, nous nous organisons. Jeté à l'eau, le dingui que l'on amarre à la proue du navire à l'aide d'un cordage en pate d'oie, tire laborieusement, sous un soleil de plomb, I-leaky inerte. On s'interroge sur le manque de fioul et nous nous apercevons très vite que les pleins ont été mal faits au port de Cartagena. 5 heures plus tard, une légère brise se lève, suffisante pour gonfler un peu les voiles. S'ensuit une lente, régulière et délicieuse glisse jusqu'aux îles. Enfin je dis "lente" mais tout est relatif, car après avoir supporté le cagnard, j'ai décidé de plonger dans cette eau bleu succulente, non sans avoir sur les recommandations du capitaine français, empoigné une corde et c'est avec effarement que je me rendis compte de la vitesse réelle du bateau. Luttant contre le courant, j'eus toutes les peines du monde à revenir progressivement jusqu'au pont. Mais au fond, le plus surpris fut mon caleçon qui, à peine arrivé dans l'eau, ne supporta pas le choc, et se laissa emporter et engloutir dans les méandres de l'océan. C'est donc cul-nu et comme si de rien que remis le pied à bord.

Le jour touche à sa fin quand nos pirates ressortent le dingui pour entamer leur manoeuvre d'approche de la isla limon. Le soleil tombe vite, trop vite. La zone est extrêmement dangeureuse et le bateau avance malheureusement milimètre par milimètre. Surgissent alors deux puissants zodiacs, dans lesquels se tiennent droits comme des i, de riches marins américains qui prennent immédiatement les affaires en main, comme seuls les américains ont l'art et la manière de le faire. Une fois l'ancre jeté, l'ex-amiral commandant suprême en chef nous invite à une partie de Beach Volley pour le lendemain à 15 h sur la plage de l'ile d'en face. Une occasion inespérée pour notre pirate de venger l'honneur noyé de  son caleçon. Le jour d'après, tôt, vers 6h du matin, ayant dormi toute la nuit sur le pont, le mât et la tête contre les étoiles, notre jeune pirate se réveille en même temps que le soleil pointe sa ronde face rougeoyante au dessus de l'horizon. Peu à peu, le reste de l'équipage émerge à son tour. Notre ami va faire un plouf et lui prend l'envie de se décharger d'un poids qui l'encombre. Possédant sa technique, il va à l'avant de navire et s'accroche à la chaine qui pend de la proue du navire, en posant ses pied de part et d'autre de la paroi du voilier afin de se surélever. Peut-être une minute à peine plus tard, il entends des cris provenant du haut du bateau. Un membre de l'équipage serait-il blessé? En quelques mouvements  de brasse, il s'écarte de la proue et interroge du regard ses amis sur le pont. C'est la pirate écossaise Morven qui lui répond : " The Barakouda is eating your popo" Elle a l'air hilare la scotish. Vexé, notre pirate des Caraïbes ne pipe pas mot et remonte à bord.

  - Tu devrais être plutôt fier au contraire, lui dit-elle, quelques instants après, c'est qu'à sa manière il t'aime bien.

  - Mouais.

Passé l'épisode grotesque du barakouda, nos pirates partent explorer les fonds marins azurs et turquoises, où ils découvrent l'épave ancienne d'un navire qui abrite désormais selon la légende un gigantesque Mérou. Le bateau échoué est depuis bien longtemps recouvert de sublimisimes coraux, et des poissons non moins superbes entourent nos amis de leurs couleurs surnaturelles. Notre pirate des caraïbes passera deux jours entiers, émerveillé, à plonger et replonger dans le silemce étrange et fascinant qui règne sous l'eau, les yeux écarquillés devant tant de beautés, devant toutes ces nuances de bleus, devant la prolifique et sublime vie qui s'agite tout autour de lui.

*leaky = (adj.) qui fuit.

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25 mai 2007

Pirate aux Caraïbes(2) : la Sierra Nevada

La nuit vient de jeter son voile d'obscurité sur la jungle tropicale de la Sierra Nevada. Il est 19h et la forêt, verdoyante de jour, s'enveloppe de ténèbres et se fait décor sombre, impénétrable. Le monde de la nuit se réveille. Les insectes affutent leurs ailes, entament leur partition, et chacun se joint au bruit étourdissant qui enfle à mesure. Installés comme de vieux débris courbaturés autour de deux bougies, nous discutons certainement de la deuxième jounée de traversée dans la forêt qui nous a semblé moins rude que la précédente, à moins que nous ne sommes en train de faire l'éloge du succulent repas que nous avez préparé Jaime un peu plus tôt et qui nous avez laissé satisfaits et repus. Les cinq heures de marche dont une bonne partie dans des montées boueuses, il est vrai ouvrent consiérablement l'appetit. On ne s'est d'ailleurs jamais, à aucun moment durant cette expédition, fait prier pour dévorer, plutôt deux fois qu'une, les soupes, les poulets au curry, et autres riz que nous mitonait notre cuisinier. Jouant pour certains avec la cire qui dégouline et dégringole, nous évoquons peut-être la journée à venir, la troisième depuis notre départ de Santa Marta. Autour de la table, on parle langues, on écoute Manuel nous raconter les histoires qui lui sont arrivées en tant que guide. Au dessus de la bougie, le noir dense qui envoute la forêt ne se laisse pas atteindre par le faible éclat des deux flammes réunies. Justement quelque chose de lumineux a bougé, comme un faible mais distinct clignotement. On se tourne tous vers l'obscurité, scrutant les ténèbres, et, tac, ça reclignote, un peu plus loin que la première fois cependant. Soudain, d'autres points verts phosphorescents apparaissent et s'évanouissent dans l'instant, puis réaparaissent à un autre endroit et clignotent de nouveau. Comme pour répondre à notre interrogation et émerveillement communs, tout de suite après, un insecte est venu s'écraser gentillement sur le bois de la table, parsemée de taches de cire sèches. Gesticulant et incapable de reprendre son vol, cloué à la table et voué à y trotiner de long en large, nous avons pu l'observer de plus près. La luciole volante, enfin, plus vraiment en état de voler, ressemblait à une espèce de carabe marron au dos aplati et possédait, à notre grande surprise, un double système de phosphorescence; l'un, planqué sous l'abdomen, permet à la bestiole, soit de lâcher un flash lumineux, soit de diffuser une lueur continue et orangée que l'on distingue à merveille lorsque l'insecte vole suffisament haut pour observer son ventre; l'autre, intégré aux deux têtes d'épingles qui lui servent de yeux qui s'allument litteralement et qui, comme la dynamo d'un vélo se charge en roulant, brillent plus intensément dès que la luciloe se met en mouvement. Je suis resté longuement à contempler ce ballet aérien avant de me diriger vers mon hammac pour profiter d'un sommeil bien mérité dans la jungle nocturne de la Sierra Nevada.

Au réveil, une agitation est palpable : un dernier tronçon de six heures de marche nous sépare de la ciudad perdida. Le parcours longe et traverse plusieurs fois la rivière, et le terrain est sensiblement différent de celui des jours précédents, qui, déjà, offrait une belle varieté de difficultés. La proximité de l'eau renforce encore l'humidité extrêmement élevée. A certains endroits les feuilles gigantesques parviennent jusqu'au zénith. La végétation investit jusqu'à la moindre pierre et la mousse de couleur verte claire au milieu de verts soutenus, sombres et humides se révèle parfois traitresse, mais ce n'était rien comparé à ce que serait le même trajet au retour de la ciudad perdida le jour d'après. La dernière heure de marche de ce troisième jour fut consacrée à traverser 8 ou 9 fois la rivière. Ce qui veut dire 16 ou 18 fois enlever et remettre ses chaussures et, au milieu, traverser pieds nus avec l'eau qui monte parfois jusqu'à la ceinture, tout en protégeant son sac et en essayant de ne pas déraper sur des galets plus ou moins stables, qui, équilibre ou pas, de toute façon, te broient la plante des pieds, et tu t'extasies alors de l'habilité des indigènes à se déplacer ainsi, quelque soit le type de terrain avec une vélocité remarquable quand bien même, parfois, ils portent de lourdes charges sur leurs épaules. Au pied de la ciudad perdida, avant de grimper, presque à pic, les quelques 1200 rudimentaires marches de pierre, nous nous sommes arrêtés pour savourer, du haut d'immenses roches polies par les flots et qui défient l'éternel écoulement de l'eau, un pique-nic mémorable dont nous ne fîmes qu'une bouchée tout en contemplant les cascades qui déferlent incessemment le long des parois et qui viennent alimenter le lit de la rivière. Une fois rassasiés, au sommet nous attendait le spectacle d'un havre de paix : une cité en terrassements délimités par des pavés de pierre, beaucoup plus homogènes et réguliers que ceux des marches de l'entrée principale ou des nombreux escaliers qui relient une terrasse à une autre. De toutes parts, la forêt forme comme une cuvette au milieu de laquelle rayonne la simple et majestueuse ciudad perdida.

Un bel orage éclata une fois sur place. Gonflées par les pluies diluviennes, les eaux du torrent devenues marrons se déversaient avec fracas. Certains nuages nimbaient les collines les plus basses et le ciel jetait un terne éclat sur la jungle métamorphosée. Nous devions découvrir le lendemain en reprenant notre marche que le paysage en avait été singulièrement transformé au point, parfois, de ne plus reconnaître les chemins que, la veille à peine, nous avions empruntés. Nous nous rendrions compte également à la fin de ce quatrième jour, combien il avait été important d'avoir rejoint au plus vite le deuxième campement, car non seulement nous étions trempés jusqu'aux os et je ne compte plus le nombre de fois où nous avions failli nous étaler sur ces verts délicats devenus ultra-glissants, mais qui plus est, une fois à l'abri, peut-être un quart d'heure après, nous entendîmes le tumulte des flots gronder au point d'aller jeter un coup d'oeil et nous vîmes alors la rivière comme en furie qui avait triplé de volume et décuplé sa force. Il ne pleuvait pourtant plus depuis une bonne demi-heure, mais en haut, plus loin, dans les montagnes, l'orage était loin d'avoir dit son dernier mot. Tous nous réalisâmes devant ce cours d'eau enragé que nous aurions tout à fait pu rester coincés avant d'arriver au camp. Meilleurs nous parurent sans doute les hammacs cette nuit-là. Le cinquième jour fut le plus éprouvant de la semaine. La deuxième journée, qui correspond au mème tronçon dechemin, avait été relativement facile. Du moins, c'est le souvenir que nous en gardions. Deux raisons à cela : d'abord, la première journée de marche s'était faite sous une chaleur accabalante et humide; ça et l'installation de l'effort proprement dit nous avaient laissé la saveur d'une journée en enfer. De fait, pour la seconde journée, nous étions, disons, préparés à fournir un effort physique important. Ensuite, comme nous allions vite nous en apercevoir au cours de cet avant-dernier jour de marche, une grande moitié du parcours n'avait été que pure descente, et il nous fallait désormais l'effectuer dans l'autre sens. La pluie de ces deux derniers jours avait rendu la terre extrêmement boueuse, et pendant près de deux heures, chaque fois que tu relevais la tête, tu apercevais un chemin, raide, en colimaçon et qui n'en finissait jamais de monter.

Enfin arrivés au premier campement, nous visitâmes un atelier clandestin de fabrique de cocaïne ou plus exactement de pâte de cocaïne. Le moment fut étrange : nous six face à ce jeune colombien avec la forêt en fond, et ses bidons de gasoil, ses tamis de tissus tendus entre quatre bout de bois, ses bouteilles de soude caustique ou d'acide chlorhydrique, ses cristaux de permanganèse, armé de tous ces produits préparés à l'avance comme dans une émission télévisé de cuisine où l'on vous montre le resultat des blancs en neige mélangés avec du benzène après deux heures de cuisson thermostat 7. On pourrait penser que ce type gagne beaucoup d'argent. En réalité, ce travail de laborantin lui rapporte peu. Il gagne certainement plus que la plupart de ceux, indigènes ou "colons", qui vivent ou travaillent dans la forêt, mais les plus values se font plus tard, aux mains des mafieux après extraction de la cocaïne de la pâte qu'il faut débarasser de la soude. Nous avons surtout été stupéfaits d'apprendre combien gagnaient le guide et le cuisinier pour ce long trajet de six jours en comparaison du prix que nous avions payé. En évoquant l'agence de voyage, on entendait fuser quelques jurons. Des voleurs. Des bandits. Cette partie de la Colombie vit fortement du tourisme. Sur le montant de l'expédition (un peu plus de 200 dollars), une partie va à la communauté indigène, une autre à certains groupes paramilitaires d'auto-défense, une autre à l'acheminement des vivres, mais la plus grosse somme réside dans les poches de ceux qui ne vivent ni ne travaillent au coeur de la forêt. Jamais cette réalité, la même un peu partout, ne m'avait jamais autant frappé. Les gens se connaissent tous dans cette partie de la Sierra Nevada, c'est leur lieu de vie et/ou de travail; c'est un endroit rugeux, difficile et épuisant.. Eux seuls connaissent la forêt, ses chemins, ses secrets aussi, sa dureté, eux seuls y viennent du reste, et pourtant ils sont les derniers à récolter le bénefice de leur labeur et de leur dévouement. Ça se saurait depuis belle lurette, vous ne croyez pas, si le mérite avait quelque chose à voir avec ce monde.

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12 mai 2007

Pirate aux Caraïbes(1)

Un des aspects les plus grisants, excitants et qui vous fait sentir libre en voyageant sur une longue durée réside dans l'inconnu de la prochaine destination, dans l'imprévisible rencontre du lendemain. On se fatigue et on se démotive, tous les voyageurs le disent, à suivre consciencieusement le tracé qu'on s'est fixé initialement. De fait, peut-être trouve-t-on le renouvellement de son énergie et de son entrain dans la rupture même du parcours programmé à l'avance, comme une nécessité incontournable pour poursuivre sa route, de sorte que l'aventure, en soi, comme on le dit souvent, n'est pas dans l'objectif visé mais dans le chemin emprunté. Je n'aurais jamais pensé passer cinq petits jours au Brésil puisque ce n'était pas prévu. Ni au Brésil, ni en colombie où je me trouve, du reste, en ce moment. Surtout pas la Colombie : avec sa réputation souvent justifiée - il n'y a pas de fumée sans feu - le pays de Gabriel Garcia Marquez fait peur. Mettons de côté les problèmes exclusivement liés à la pauvreté qui sont les mêmes partout dans le monde, à plus forte raison quand la richesse démesurée côtoie avec indescence la misère, que ce soit à Buenos Aires, à Paris, à New-York ou dans n'importe quelle grande métropole de la planète, à ceci près, cela va sans dire, que les armes à feu  changent singulièrement la donne de la délinquance. Quoiqu'il en soit, Bogotá n'echappe pas à la règles : la ville, gigantesque, est un concentré de très riche et une dilution de très pauvre.

Située au nord du continent sud-américain et ratachée à l'amérique centrale via Panama, sans qu'il existe toutefois une voie terrestre qui permette d'acceder d'un pays à l'autre, la Colombie est bordée à l'est et au nord respectivement par l'océan pacifique et par la mer des caraïbes; à l'ouest, le pays est frontalier du Venezuela et du Brésil; au sud, du Perú et de l'Ecuador. Réputée, bien sûr, à travers le monde, pour son excellent café, ses gisements d'émeraudes et ses plantations de coca, la nation est surtout connue pour les guerillas meurtrières qui déciment une grande partie de sa jeune population masculine et pour ses milices qui séquestrent des otages afin de réclamer d'importantes rançons en échange de leur libération. C'est si vrai qu'il ne se passe pas un jour sans qu'aux informations ne soit annoncé un ou plusieurs meurtres. Les sitcoms made colombia traitent souvent de la douleur des familles soumis au chantage face à l'enlèvement de l'un de leur parent.

Ma route a croisé avec une occurence frappante celle de colombiens durant ces six derniers mois de voyage, principalement en Argentine cependant; à Rosario, où j'ai passé quelques jours en redescendant des chutes d'Iguazú le long du fleuve Paraná pour rejoindre Buenos Aires, un artisan colombien (vraiment doué pour l'artisanat, évidemment, mais aussi pour les affaires), m'a beaucoup parlé de son pays, des zones à risques et des régions securisées; à Buenos Aires même surtout, où j'ai rencontré Carlos , jeune étudiant en anthropologie qui m'a reçu dans sa famille à Bogotá, me tendant ainsi la main pour visiter son incroyable et merveilleux pays. L'un comme l'autre m'ont donné envie d'aller plus loin et de découvrir la Colombie , en confiance. Pas une confiance aveugle, mais une confiance prudente et mesurée. Les deux premiers jours, malgré tout, alors qu'aux premiers regards, la ville m'apparut plus propre et bien plus sécurisé que, par exemple, Buenos Aires, je ne pouvais m'empêcher de penser qu'un voleur ou pire  se dissimulait derrière chaque habitant de Bogotá que je croisais. Je naviguais avec un sentiment d'insécurité. Cinq ans auparavant cette peur aurait pu avoir raison d'être; aujourd'hui et de jour, bien entendu, Bogotá est une ville relativement sûre. Depuis, j'ai voyagé à l'interieur du pays et, par exemple, ici à Cartagena, où il est recommandé de ne pas sortir de son hotel après la tombée de la nuit, le sentiment se justifie beaucoup plus, et encore, paraît-il, ce n'est rien en comparaison de certains endroits du pays.

Perchée à 2600 m d'altitude - ce qui vous fait complètement oublié que vous vous trouvez à quelques latitudes de la ligne équatoriale - Bogotá repose sur une zone altiplanique au coeur de la cordillière des Andes, de sorte qu'une muraille montagneuse accolée pour ainsi dire à la ville ferme, à l'est, l'horison d'une manière bien plus spectaculaire qu'à Santiago du Chili. A 3200 m d'altitude, il est possible de visiter le cerro Monserrate qui surplombe la capitale et qui offre une vue panoramique de l'immensité de l'agglomération et de la petitesse du centre historique de la ville, plein de charme, tout en briques orangés, où il fait bon finalement de s'y perdre.

A une heure environ de Bogotá , il est agréable aussi de déambuler dans les rues plus calmes de Zipaquirá, petite bourgade qui attire le visiteur pour sa sublime cathédrale de sel construite à quelques 33 m de profondeur sous une colline haute de 180 m. Le reste du temps je l'ai passé avec Carlos à déguster la cerveza colombiana tout en jouant à mortal combat sur sa console, ou encore à suivre à la télé, puisqu'il avait le câble, la triste démocratie française aux prises avec ses éléctions présidentielles. Alors que depuis six mois je suis déconnecté de l'actualité de mon pays, voilá que celle-ci parvenait jusqu'à moi : débat Sarkosy-Royale, résultats, discours, micro-trottoirs, presses européennes, américaines e,t bien sûr, latino-américaines, bref, le pack all inclusive. Une journaliste allemande s'étonnait, quelques heures après les résultats, qu'un homme comme Sarkosy (présenté dans tous les pays comme le candidat conservateur) qui a participé pleinement au dernier gouvernement depuis cinq ans puisse se positionner comme l'homme de la rupture et du changement, en un mot, comme un réformateur. Dimanche soir, à chaud, comme on dit chez les journalistes, à la question : " qu'attendez-vous de Nicolas Sarkosy?", j'entendai, éberlué, des jeunes d'à peine dix-huit ans, répondre qu'il était l'homme du changement, qu'il était le seul, grace à son dynamisme, à pouvoir relever la France, parce qu'elle en a bien besoin, que dans cinq ans, eh bien, on sera tout simplement fier de l'avoir élu president de la république car il ne nous decevra pas. Subliminal. Chirac et les médias nous avaient déjà fait le coup en 2002 en axant sa campagne sur le thème de l'insécurité, obligeant le pays à se confronter à un reflet presque créé de toutes pièces, celui d'une France en feu où il fallait à tout prix se protéger. Je comprends bien ça, après avoir marché dans les rues de la capitale colombienne, accompagné d'une peur pour partie fantasmée. Elections 2007 : autre reflet fabriqué, puis répété et diffusé toujours par nos vieilles branches de médias qui clament avec raison leur neutralité puisqu'en tant que journalistes, ils ne prennent pas partie, ils ne font que rendre compte. Ce n'est pas à eux de juger. Dans le miroir que voit-on en 2007? La France va mal. Elle est en crise. Une crise multi-anémique : morale, politique (va sans dire), économique, sociale, culturel, philosophique j'ai entendu ici ou là. La France est à terre. Il lui faut un heroe pour la redresser. Fin du synopsis. Je voyage dans les pays d'amérique du sud, dont certains sont considérés comme des pays du tiers-monde. Je suis actuellement en Colombie. Sans négliger les problèmes que traverse notre pays et plus généralement le monde à l'heure de la globalisation, peut-on me dire d'où qu'elle est tombée et qu'elle est à genoux, la France? Il a fait une excellente campagne, nous dit-on. C'est pas moi qui vais dire le contraire. Il nous dit qu'il va rétablir les valeurs entre le bien et le mal. Je vous le dis tout de go : je sortirais ce soir dans les rues les plus mafamées de Cartagena que ça ne me ferait pas aussi peur.

De nuit, vous l'aurez compris, je ne la connais pas vraiment la Colombie.A part, pour l'instant ce trajet en bus entre Bogotá et Cartagena. Derrière la vitre j'ai pu contempler les scènes nocturnes qui se déroulent sur les bas-côtés de la route, et au-delà, où s'étendent des vallées enchantées, toutes illuminées, ici et là, par de faibles éclats de lumière, dessinant des constellations le long du relief complexe d'un paysage magique dans l'obscurité presque totale de la nuit qui tombe, sous ces latitudes, aux alentours de 18h30. De part et d'autre de la route s'alignent des petites maisons basses, faites de planches de bois ou de briques dénudées, et on aperçoit les gens affairés à vendre un fruit, ou un pot d'ariquipe (dulce de leche), ou encore une soupe, comme si toutes ces petites cases faisaient également office de snack. On voit aussi, à intervalles réguliers, des torses nus installés, le temps d'une rêverie, dans des hammacs ou affalés sur des chaises pliantes. Cela faisait cinq heures que je voyageais et je commençais à me dire que la température avait dû augmenter depuis Bogotá. Une demi-heure plus tard, on fit une halte dans une aire de repos, un sous-bois où trônait comme une cantine à ciel ouvert. Jamais je n'avais éprouvé une telle sensation de chaleur et de moiteur en descendant du bus. Vingt heures plus tard, cette même touffeur me saisit en arrivant à Cartagena, la plus vieille ville de Colombie. Eau tiède, chaleur voluptueuse, vieux remparts et architecture coloniale aux saveurs des îles, pluie de fleurs exotiques du haut des balcons en bois; pour circuler, motos-taxis, si nombreuses qu'à certains feux rouges, on a le sentiment, à l'arrière de l'une d'elles, de participer à un rallye de motards dont la course, dans tous les sens du terme, nous échappe irremediablement, ou pour plus de sérénité, bus-tigres qui par leur forme rappellent l'animal dont le pelage metallique flamboyant lui donne un air de dragon d'orient, voilà l'envoutement des Caraïbes dont les verts turquoises surmontent les auburns des acajous.

Je vous écris depuis la piaule de mon hotel qui fait aussi bar et snack. L'hotel, pas ma piaule. Pour vous donner une idée, il y a d'abord la route, puis vient l'abri, à l'entrée, où le bar jouxte immédiatement ma chambre. Stationné sur le bas-côté de la route, un semi-remorque, portière grande ouverte crache à pleins poumons depuis plus de trois heures une musique qui sent le vieux rhum . La transe de l'accordéon semble animer la clientèle du bar. Ces rythmes et ces mélodies portent le nom de Vallenato. Sur mon lit, sous les assauts du ventilateur, je ne peux fermer l'œil, tant la musique est forte. Qu'importe ! Je suis dans les Caraïbes et jamais je n'ai eu à ce point l'impression d'être dans un film, dans un autre temps, dans un monde différent

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13 avril 2007

Le chasseur aux papillons s'en est allé...

Il me faut à présent vous conter mon court séjour aux impressionnantes et sublimes chutes d'Iguazú. Mais il m'est difficile de le faire sans l'associer à une autre histoire qui finit bien tristement, sans doute comme toutes les histoires. Il était une fois un chasseur de papillons qui vouait une véritable passion à ces magnifiques insectes volants. De fait, il leur courait après, les yeux rivés sur leurs paires d'ailes multicolores, comme seule Dame-Nature est capable d'en dessiner. De toutes les formes, de toutes les nuances, barriolés, translucides, ou caméléons, les papillons voletaient sous son nez, et lui, épuisette à la main, sans relâche, les traquait tant et plus. Il veillait parfois plusieurs nuits d'affilées, devant un drap blanc suspendu, droit, éclairé par une lampe alimentée par des piles très très puissantes, si puissantes qu'on disait qu'elles avaient dans leurs gènes l'électricité à l'état pur. Il affectionnait ce genre de charade, ces rébus de mots qui le faisaient pouffer de rire quand, ayant tiré notre langue au chat, lui revenait le prévilège burlesque de nous en délivrer le sens caché. Le tissu immaculé, tendu comme un piège de lumière, voyait grossir sa masse d'insectes au fur et à mesure que la nuit s'écoulait et, avant les premières lueurs de l'aube, le chasseur de papillons, souvent, jubilait des nouvelles et fraîches conquêtes qui s'étalaient sous ses yeux hypnotisés. J'ai bien connu ce chasseur et ce regard fasciné. Je l'ai souvent écouté me raconter ses fabuleuses chasses; il me montrait ses trésors et ne manquait jamais de m'expliquer, en bon chasseur qu'il était, l'éthique de sa passion, nourrie de son admiration pour ce monde qui cohabite avec nous sur cette terre. Ne pas écraser, même par inadvertance, un insecte non nuisible, était peut-être sa religion. Joignant toujours le geste au discours, il relâchait les dizaines de miliers qui ne figuraient pas, ou plus, sur sa liste de perles rares. Quand l'une d'elles lui faisait l'offrande de se poser dans les méandres du drap luminescent, il exultait interieurement de joie et s'en allait cérémonieusement recueillir la précieuse créature. Il respectait la Nature, il aimait ses miracles. Il aimait son incroyable complexité autant que sa divine simplicité. De la forêt il tirait sa force; chaque année, il y venait se ressourcer, y puiser calme et sérénité.

Lundi et mardi derniers, pour la première fois depuis presque six moix de voyage sur le continent sud américain, je mettais les pieds sur son territoire, la forêt amazonienne. Le poumon de la Terre, dit-on, dont l'une de ses alvéoles entoure de toutes parts les immenses cascades d'eau à Foz do Iguaçu au Brésil où je me trouvais le lundi et à Puerto Iguazú, en Argentine, le mardi. C'est comme on le dit : une gigantesque vue panoramique depuis le Brésil et quasiment une plongée en leur coeur depuis l'Argentine. Le bruit de la chute de l'eau est impressionant et la force qui se dégage de cet endroit est colossale. Déverser, couler, ruisseler, précipiter, dévaler, chuter, brumiser, encore chuter, sans trêve ni repos, voilà les chutes d'Iguazú, dont les plus impressionantes sont sans conteste celles des gorges du diable. Ajouter à ce cycle sans fin, l'eau gorgée de soleil, et vous obtiendrez des arcs-en-ciel dont on ne sait trop s'ils jaillissent du précipice ou s'ils s'effondrent au même rythme que l'eau qui glisse sans cesse vers les abîmes blancs et diffus. Il y a évidemment d'autres magnifiques spectacles de la nature, et les visiteurs ne s'y trompent pas, en parcourant ce site immense et sauvage. Outre les quelques singes que l'on voit à l'occasion se balancer sur la cime des arbres, on reste - mais vous l'aurez déjà compris - éberlués face aux nuées de papillons qui voltigent ici et là et tout autour de vous. Armé d'une épuisette virtuelle (mon appareil photo), j'ai passé une partie de des deux jours à les chasser, à ma manière. Autant dire qu'il y avait bien longtemps que je ne m'étais laissé aller à contempler ces incestes, qui, ma foi, ne s'en laissent pas conter si facilement; les plus beaux virvoltent bien trop rapidement dans les airs et quand ils finissent par se poser, eh bien, c'est avec les ailes repliées à la verticale qu'ils vous narguent gentillement, dissimulant ainsi la poésie colorée, entr'aperçue durant leur vol. S'ensuit alors comme un jeu de cache-cache, tout du moins, un jeu de patience au cours duquel il faut attendre sagement que le papillon entame ce qui ressemble à une sorte de respiration visuelle; À l'inspiration, il écarte brièvement ses ailes, et les referme brusquement à l'expiration. Le premier mouvement est relativement lent, le second sec et rapide. Quelque chose comme un clin d'oeil, où la paupière prendrait tout le temps de s'abaisser, pour se relever aussitôt. Docile est l'insecte quand il se livre presque sur l'instant, mais la plupart du temps, il faut s'armer de patience et attendre des plombes, comme disait le chasseur aux papillons qui avait bien une image pour cette coqueterie...Sans qu'il n'y ait aucune logique à cela, du côté brésilien, les spécimens m'ont paru, de ce point de vue, beaucoup plus coriaces que ceux se trouvant en Argentine. Quoi qu'il en soit, c'est sous les yeux ahuris mais non moins amicaux de trois anglais et un américain, avec qui je voyageais dernièrement, que j'ai passé ces deux jours à mitrailler les quelques espèces majoritairement présentes sous ces latitudes. Mardi soir, peu avant la fermeture du parque national, des volutes d'une bruine émanant des gorges du diable déposaient de fines gouttelettes sur ma tête presque rasée; y sont venus s'abreuver quelques papillons qui couraient par là. Je figeai cet instant d'une photo, montrant l'un d'entre eux, posé sur mon crâne.

Mercredi matin, près du poste frontière, j'aprenais que mon chasseur aux papillons s'en étaient allé, à son tour, virvolter dans le ciel. C'est le coeur bien triste que je poste aujourd'hui ces clichés photographiques que j'aurais aimé qu'il vît de son vivant. Je te dédicace cette partie sur la forêt d'Iguazú, Danou, tu la liras d'où que tu sois.

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11 avril 2007

Praia do Brasil

J'avais décidé de ne pas aller au Brésil, non que je me sois juré de ne pas y mettre les pieds ni que le pays eût quelque chose de rebutant, seulement je m'étais dit simplement : "pour un autre voyage peut-être". La pluie était venue me saluer lorsque je quittai Buenos Aires embarqué dans un bateau traversant le fleuve Río de la Plata qui m'emmena jusqu'à Montevideo. Arrivé dans la capitale uruguayenne, c'est encore la pluie qui vint m'accueillir à la descente du mini-paquebot. Je vous épargne la météo au jour le jour, mais pour être concis et précis, disons qu'il a plu chaque jour, à l'exception de un jour de pur beau temps, et pas un de plus, à chacune de mes destinations. Autant vous dire, qu'ici quand il pleut, ce sont des heures et des heures de trombes d'eau sans discontinuer, que, parfois même, tu te prends sur la tronche. Il n'y a toutefois aucune raison de se plaindre : la pluie est douce et ne refroidit pour ainsi dire pas ou peu l'atmosphère et, pour ma part, une journée, même une seule, au grand soleil, à chaque étape, ce fut l'occasion de prendre des photos inespérées, de se laisser enrouler, comme un grand enfant, par les vagues qui déferlent sur les magnifiques plages de Punta del Este et de Punta del Diablo en Uruguay et sur celles absolument irréelles et cinématographiques, tant elles sont sublimes comme tout du long de la ilha Santa Catarina, qui prolonge la ville de Florianópolis, au Brésil. Avec le Brésil, on entre véritablement dans une autre dimension. Les plages sont de purs paradis où se mêlent à la végétation tropicale les courants chauds de l'océan atlantique, le tout servi sur un lit de sable blanc et fin. Les brésiliens semblent perpétuellement heureux, sourient à s'en décrocher les mâchoires, chantent, dansent, mangent, dorment et font la fête du matin jusqu'au soir sur les plages dont je vous laisse imaginer l'ambiance qui y règne. Et encore, pour être parfaitement honnête, je n'y ai gouté qu'un jour, et hors saison. Alors, certes je n'avais pas prévu d'aller jusqu'au Brésil, mais cela valait vraiment, vraiment le détour, c'est bien simple j'ai encore du mal à y croire et garde le souvenir de la couleur de l'eau et de sa tiédeur; je me rappelle avec un brin de nostalgie des différentes sensations à fouler un sable aussi fin, dont on peut dire qu'il a dépassé l'état de simple sable pour parvenir à celui de "poudreuse" de sable que l'on écrase d'ailleurs de ses pieds nus avec le même crissement que si ç'eût été de la neige fraichement tombée, et ça, mes amis, hormis qu'on en sème un peu partout où l'on va, quel bonheur, quel bonheur de se réveiller le matin, de poser son pied sur le sol et de sentir crisser les premiers grains d'une journée ensablée. Bien entendu, le Brésil ce n'est pas que des plages, loin s'en faut, il suffit de jeter un coup d'oeil sur la géographie du pays pour s'apercevoir de l'omniprésence de la forêt amazonienne. Dès le lendemain, je me retrouvai dans la jungle, celle qui encercle les puissantes et vertigineuses chutes d'Iguazú.

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23 mars 2007

La ciudad que nunca duerme

Buenos Aires, "la ciudad que nunca duerme" (la ville qui ne dort jamais); à en juger par le nombre de lits vides dans les dortoirs les vendredi et samedi soirs, et dans une certaine mesure les autres jours de la semaine, on peut à juste titre, penser qu'elle est à la hauteur de sa réputation. Berceau du Tango, les rues de San Telmo, quartier bohème de la capitale, offrent aux touristes, tous les dimanches, accordéons, couples de danseurs, artisanat, antiquités, peintures et sérigraphies autour de cet art délicat, sensuel et populaire crée par Louis Gardel et qui fait la fierté de tout argentin.

Buenos Aires, le "Paris d'Amérique du sud" est un savant mélange architectural d'immeubles hausmanniens, d'églises romanes et orthodoxes, de bâtiments de style colonial, d'édifices gréco-romains, de larges rues qui s'étendent si loin qu'elles paraissent -effet de la perspective- terriblement étroites. S'y déroulent de longues bobines de fils électriques en forme de toiles d'arraignées qui se rejoignent au centre de chaque rue pour alimenter et suspendre de vieux lampadaires. S'y déploient aussi des rangées de commerces en tout genre formant un bric-à-brac qui donnent à penser aux rues de Milan. L'Italie, bien sûr, plus que tout autres pays européens fait figure d'emblème tant la culture de celle-ci marque l'Argentine. Il y a  l'accent, les mélodies italiennes qui teintent l'espagnol de Buenos Aires, plus que dans n'importe quelle autre province du pays. A tous les coins de rue on trouve des pizzas et des marchands de pâtes "faites maison". Sans oublier la gestuelle des porteños (habitants de Buenos Aires, capital fédéral) qui s'expriment autant avec les mains qu'avec les pieds, et, avec ces derniers, surtout pour faire valoir leur maîtrise du ballon rond, autre fierté nationale qui déchaîne les foules et les passions, peut-être comme nul part ailleurs : les matchs Paris-Saint-Germain contre l'Olympique de Marseille sont une partie de rigolade comparés à ceux qui opposent River Plate à Boca Juniors. La Boca justement, encore un quartier célébrisime, où se cotoient plus que jamais tango et fútbol, chacun ayant élu domicile respectivement aux Caminitos et à la Bombonera, stade mythique de l'équipe.

Buenos Aires, ville en bordue de fleuve, qui s'est construite petit à petit à partir du port et qui a vu de fait ses autres quartiers s'entasser progressivement les uns aux autres. Mais où est le centre? C'est la question qu'on se pose souvent. La Casa del gobierno, siège du pouvoir politique, se situe complètement à l'est de la ville, acollée au désormais très chic et très moderne Puerto Madero, quartier fait de hauts immeubles de verres alternants avec des constructions plus modestes de briques rouges, qui entourent avec beaucoup de charme quatre digues alignées dans lesquelles flottent des bateaux de plaisance et dont un pont, el Puente de la Mujer, très design, tout blanc, aux lignes épurées joint les deux rives opposées. Passée la Plaza de Mayo non loin de là, qui fait face à la Casa del gobierno, on tombe rapidement sur l'Obelisco qui fait tant parler de lui, mais qui n'est pourtant qu'un obélisque parmi tant d'autres. Quoi qu'il en soit, c'est au milieu de l'avenida 9 de Julio, qui par endroits est la plus large au monde, que se dresse le monument à partir duquel s'étirent, en étoiles, quelques principales avenues dont la divine avenida Corrientes, qui ne paye pas de mine le jour, mais qui, de nuit, ressemble paraît-il, à certaines rues new-yorkaises, où, toujours est-il, se déroulent tous les soirs, concerts, opéras, spectacles mondains, bref, des lumières partout, ça brille et ça clignote sur les façades des buildings, pour les avant-premières où le tout-Buenos Aires se précipite; glamour, smoking, robes de soirées, c'est Brodway dans le Paris d'Amérique du sud! J'oubliais de citer les quartiers huppés que sont Palermo et Recoleta et les 38 ou 39 autres quartiers de la capitale, plus pauvres, beaucoup plus pauvres. Voilà, comme toujours, il y a les rencontres : des argentins, des français, des allemends, des américains, des suisses, même des suisses-italiens, des polonais...la liste est longue vous vous en doutez.

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20 février 2007

Titres à choix multiples

Question horaire, la Patagonie australe c'est un véritable marathon. Entre les très longues distances à parcourrir et les heures voire les nuits d'attentes dans les gares routières, il m'a fallu pas moins de 54 heures pour rejoindre depuis El Bolsón, ville limitrophe des provinces Río Negro et Chubut, El Clafate emblème de la plus grande province de la patagonie, Santa Cruz où j'ai passé 3 jours totalement vertigineux. J'ouvre une petite parathèse : pour tous ceux qui trouvaient terriblement injuste que je puisse passer un an au soleil et au chaud, qu'ils soient pleinement rassurés, même en été, la patagonie et ses vents secs et violents te font goûter à la morsure intemporelle du froid polaire. Ici se referme la parathèse et commence l'hallucination.

D'un côté la Nature dans toute sa grandeur et sa puissance et de l'autre nous autre petites brindilles de rien du tout. De cette démesure naissent légendes et bestiaire fantastique. Le monstre "Glacier Perito Moreno" gronde très exactement comme son frère le Tonnerre. Une rivière de glace, gigantesque, haute de quelques 400 mètres au dessus du niveau du lac, craque en permanence. On entend les déchirements internes de la bête et brusquement un craquement sonore plus fort, beaucoup plus fort, retentit et mobilise en un instant des centaines de spectateurs, à l'affût, qui scrutent attentivement de droite à gauche le glacier, balayant du regard l'immense et imposante paroi de glace. Une poignée de secondes, voilà tout, un brin de confusion quand différents rugissements se sont fait entendre successivement ou que se sont glissés des grincements intermédiaires dans le court intervalle qui sépare le tonnerre de la chute, et le spectacle peut commencer. Il n'y a pas la foudre, mais ça tombe. Comme toujours il y a les faux espoirs et les vraies bonnes surprises, comme toujours il y a les petits gains et les gros lots. Aussi souvent de petits "cailloux" se décrochent entraînant dans leur chute un peu de poudreuse mais parfois un immeuble de glace s'effondre dans un grondement sec et retentissant, dégageant un volumineux nuage blanc que le lac maléable engloutit presque sans l'ombre d'un bruit. L'instant d'après, un partie du monstre a disparu dans les profondeurs, une soupe laiteuse se répand lentement à la surface et, avec quelque chose de triste à la vue de cette destruction, le silence revient le temps que reprennent leur souffle et le glacier et le spectateur. Suite du vertige, la patagonie offre aux yeux émerveillés une symphonie de couleurs où le bleu est chef d'orchestre. Ici, je resterai économe, les photos parlent d'elles-même.

Vous avez demandé un cours de glaciologie? Ne quittez pas : La neige tombe, se comprime et se transforme en glace. Sous l'effet du poids, le glacier glisse vers l'aval - je vous fais grâce des détails du glissement. Les déplacements successifs provoquent fissures et crevaces. La glace, compressée sous son propre poids, ne laisse sortir du spectre lumineux que les rayons de courtes longueurs d'onde et apparaît ainsi de couleur bleue. Lorsque le glacier fond, des icebergs de glace se détachent et entraînent dans leur chute de la "farine glaciaire" qui donne aux lacs cette caractéristique coloration grisâtre. Les sédiments ne se déposent pas tous au fond, certains demeurent à la surface et diffractent la lumière du soleil tintant de sublimes nuances turquoises les eaux des lacs et rivières. Il est vrai que le bleu se taille la plus belle part du gâteau mais se serait un peu vite oublier les autres magnifiques couleurs qui le mettent tant en valeur. Citons les verts ardents des forêts couvrant certains versants, les jaunes pailles époustouflants ou pour ceux qui donnent dans la coloration capillaire, les blonds cendrés aveuglants ainsi que les ocres et les roux aux reflets rosés, pourpres, violets ou orangés qui tapissent les steppes brûlés de la pampa patagonienne et dont on pourrait dire, que quelle que soit la saison, c'est l'automne à même le sol. Pictural.

Dernier jour à El Calafate, la ville est en effervescence car elle fête les 130 ans du lago argentino, le plus grand lac d'argentine.  De quoi il retourne exactement, je l'ignore, mais les meilleurs groupes de musique des environs se succèdent et surtout, surtout, ce fut l'occasion d'assister au festival de Doma, rodéo de gauchos sur leur monture, à grand renfort de bière et de choripan. Les chevaux sont splendides, les casse-geule aussi. Tout le folklore argentin sous les bannières de la Nation ... Bleu, Blanc,...Bleu.

Un dernier mot : un grand merci à Esther, l'espagnole délire avec qui je me suis tapé des barres de rire sur la façon dont les argentins ont de dire "de rien" ou "je t'en prie" qui sonne comique à nos oreilles puisqu'ils semblent à chaque fois s'offusquer d'un "pero por favor" comme si, quelle que fût la raison pour laquelle tu les remerciais, tu les avais offensé rien qu'en le disant.

En conclusion, au choix, 4 titres :

- Patagonia austral, c'est d'la balle

- Hielo azul, bárbaro

- Gaucho in the Pampa, amazing cowboy

- Muchísimas gracias....pero por favor!

Posté par LucAmeSud à 15:47 - Commentaires [5] - Permalien [#]